Cuando las hormigas
lento caminan,
y las hojas de los árboles
lánzanse como paracaidistas,
el que mira mundo
se divierte.
Entonces aparece el sol,
que le charla y le dice que
es lo que hay.
“Si ese ojo es mi ojo,
y ese da luz,
pues entonces éste también.”
¿Será que cuando ríe el niño,
ríe el mundo?
Las hojas son equilibristas,
del otoño sus ménades,
del corazón que anhela,
también.
*
Que susurre el adoquín,
que hablen los cordones.
Mañanas para todos
debería haber,
mañanas para todo.
El ojo juega al juego del pan.
“¿Quieres pan?” Preguntan por allí.
¿Quiero pan? Debo quizás.
Así le pagan a uno el tiempo.
Pan.