martes, 5 de julio de 2011

RELATO EN DOS PLANOS - Parte II



II

Y de sus dedos se desliza una flor. Sus labios regalan una sonrisa, y ya me compró la vida.
Me mira fijo, y el viento la viste orgulloso.
Sigue sonriendo, y muero. Pero revivo al instante, pues quiero ser representación para esa vista.
Un pájaro se le poza en el hombro y juntos ríen.
Ya no me ven, y sólo estoy ante ellos. Aúllo onomatopeyas y salto como un niño, golpeando fuerte el suelo al caer.
El pájaro y ella me observan. Vuelven a reír y el ave vuela lejos.
Lo contemplo irse, transformándose de a poco en una línea negra en el cielo. Y éste está tan claro, tan hermosamente despejado, que yo también río, porque la belleza simple gratifica a los inocentes.
Y cuando la miro otra vez, para gesticularle mi felicidad, ya no hay nadie.
Quedo yo como parte análoga del todo, que está ahí conmigo, o yo ensigo.
Veo el camino que continúa la pradera, y como todo esto no tiene objeto predeterminado comienzo a caminar, siguiéndolo. A la diestra del camino, unos cien metros más adelante, hay un bosque de árboles tupidos, que sé que esperan mi llegada. Sé que siempre lo hacen.
En la copa del árbol más alto, hay sentado un mono, que toca un arpa y me sonríe. La música es suave, pero decidida. El primate, tango toca. Con mi ignorancia, pero con la humilde sapiencia que de Miguelito aprendí, sé que suena Pugliese…
Sin embargo, cuando mi paso se predispone a llevarme allí, divisan mis ojos un pequeño arroyo que corre a la siniestra del camino.
Detengo mis pies, y les ordeno amablemente que hasta la orilla me acerquen.
Al aproximarme, tropiezo con un hormiguero que afortunadamente no piso. Noto como las pequeñas hormigas me miran aterrorizadas, aunque listas para morderme con sus minúsculas fauces, defendiendo así su existencia, su anhelo de vivir.
Esquivo a las pobres, porque no deseo destruir nada, ya suficiente con mis pies sobre el césped.
Al arribar al arroyo, siento una profunda sed. Miro mis manos, y mi deseo se hace realidad. Son una bella vasija de arcilla, color roja… La lleno del transparente líquido, y bebo copiosamente, calmando el fuego que existía en mi garganta.
Ya saciado, camino hacia el bosque lentamente.
La entrada al mismo parece impenetrable, pero la voluntad es diversa a la apariencia.  
De fondo, el mono sigue tocando, pero ahora una del gran Troilo.

CONTINUARÁ…


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