Dance
usted,
mi
señora,
y relate
los cuentos
que sus
manos han hilvanado.
¿Será que
el calor envuelve a la femeneidad?
A veces,
compóneste de formas bellas,
de formas
desafiantes,
y el
labio,
dulce
instrumento perceptivo,
se abraza
al mundo como si de enredaderas
se
tratase.
Cuente
usted entonces,
adonde se
dirigen los vuelos del ser,
cuando la
mano es el sacrificio,
y los
ojos,
Ésto, que
de escenario oficia,
conversando
con el orador,
gusta de
pensar:
¿Será que
unos labios,
un rostro
y un aroma,
puedan
más que el discurso,
puedan
más que el citadino,
puedan
más que el movimiento de ajedrez?
Como hay
rostros que atraviesan,
hay
labios que besan.
Tal cual
hay manos que indican,
hay ojos
que invitan.
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