Te he visto,
y de tus ojos,
que múltiples son,
brotan puntas.
Entregado el cuerpo a tus designios,
relatas la historia de la carne y el agua,
o del verde y el azul.
Si abro mis ojos,
el bosque habla y soy anciano.
Si los cierro,
dibujas tu música, y ya no hay edad.
Me cuentas historias que entiende el alma,
que no sabe escribir.
Y después, en esta vida está YO,
el simple escenario de los relatos.
*
Cuando la noche arrecia,
cuando las nubes son un techo ineludible,
el fuego calma la muerte.
Deseado entre aguas temerarias,
revive de cenizas pasadas,
abraza la madera como
y algo ríe porque es lo adecuado.
Los cerros observan,
y con la oscuridad de aliada,
se minan de altos guerreros.
Desde las laderas miran,
me saben suyo,
y ellos míos.
La lucha es de estares,
de talantes que se escrutan,
de espíritus conversando.
Quien muere y quien vive,
es mera máscara.
*
“Esto ve él”
farfulla el árabe.
“Esto ve él”,
farfulló.
Y a mi se me llora el espíritu.
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