miércoles, 9 de mayo de 2012

LA VISTA DE PEDRO





Te he visto,
y de tus ojos,
que múltiples son,
brotan puntas.

Entregado el cuerpo a tus designios,
relatas la historia de la carne y el agua,
o del verde y el azul.

Si abro mis ojos,
el bosque habla y soy anciano.
Si los cierro,
dibujas tu música, y ya no hay edad.

Me cuentas historias que entiende el alma,
que no sabe escribir.
Y después, en esta vida está YO,
el simple escenario de los relatos.

*
    
Cuando la noche arrecia,
cuando las nubes son un techo ineludible,
el fuego calma la muerte.

Deseado entre aguas temerarias,
revive de cenizas pasadas,
abraza la madera como
el sol abraza la tierra,
y algo ríe porque es lo adecuado.

Los cerros observan,
y con la oscuridad de aliada,
se minan de altos guerreros.

Desde las laderas miran,
me saben suyo,
y ellos míos.

La lucha es de estares,
de talantes que se escrutan,
de espíritus conversando.
Quien muere y quien vive,
es mera máscara.

*

“Esto ve él”
farfulla el árabe.
“Esto ve él”, farfulló.
Y a mi se me llora el espíritu.   



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