Quizás tomadas por sorpresa,
broten de mis manos palabras.
Con mis palmas se amasan,
toman forma,
y con delicadeza de brisa,
se lanzan al aire como burbujas.
A veces las observo,
las acompaño con mis ojos,
y en mis yemas,
el desgarro del desprendimiento
de letras,
siento.
Pero hay días más prodigiosos,
días paganos,
en que soy el sol;
la piel que lo recibe;
el ojo que la desea;
y lato como aliento profundo del
mundo.
Esos días, no hay yema que gima
el parto,
No hay dolor que abrace mis
pequeñas fronteras,
Y todo es imagen de la divinidad.
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